Prólogo
(De mí y de los otros caminos a Santiago)
El segundo y último peregrino pedestre que encontré el agosto pasado en el Camino de Madrid me preguntó por qué hacía el camino:
- Por andar.
Se mofó de mi concisa respuesta, que consideró pobre. Él se mostró ardiente defensor del Camino Francés y me echó un discurso alabando las grandezas de tal camino.
Le escuché con respeto y ni supe ni quise argumentar mi pobre respuesta.
Es probado que la inmensa mayoría de peregrinos que encaminaron sus pasos hacia la tumbal del apóstol discurrieron por el camino que cruza los Pirineos en Roncesvalles, pero también es probado que desde la península ibérica muchísimos peregrinos salían desde su casa, estuviese donde estuviese.
Y la historia se repite: la inmensa mayoría de peregrinos discurren en la actualidad por el Camino Francés. Otros no, otros preferimos descubrir otros paisajes y paisanías.
Han crecido en cantidad y calidad las asociaciones dedicadas al Camino de Santiago. Muchas de ellas están trazando caminos alternativos, caminos que parten o transcurren desde/por sus lugares de origen. He tenido la fortuna de descubrir varios de estos caminos. Este agosto me ha tocado acariciar el silencio durante 22 días yendo desde Alicante hasta Burgos por la Ruta de la Lana.
Es triste ver que el pueblo esté cada día más automatizado por el poder establecido, y es más triste aún descubrir que consciente o inconscientemente el pueblo caiga en la misma aberración. La verdadera libertad, ese díscolo y ansiado concepto, la perseguimos también aquellosque nos echamos la mochila a la espalda expectantes de que la tierra que pisemos nos hable y abrace. Pues bien, parte de las medidas adoptadas recientemente en el Camino Francés la coartan.
Los otros caminos a Santiago comportan una dosis importante de improvisación y sorpresa que ya no ofrece el Camino Francés. La frescura de las gentes en el trato hacia el peregrino sigue latente.Encontraremos miles de caras de incredulidad ante nuestro caminar,
encontraremos muchas personas que nos ofrecerán bebida y alimento e incluso un techo, encontraremos a gentes extrañadas al vernos andar que nos ofrecerán inocentemente llevarnos en automóvil, encontraremos, al fin y al cabo, gentes que mostrarán espontaneidad
ante el encuentro, espontaneidad ya perdida en las gentes que habitan en el trayecto del Camino Francés. Y ello es preciado tesoro.
Y es muy probable que la soledad nos salga al encuentro en el primer paso y se convierta en nuestra única compañera. Abandémonos a ella, démosle la mano y mostrémosle la mejor de nuestras sonrisas. Ella nos facilitará acariciar la libertad. Convirtámonos en amantes de la tierra que pisamos y es posible que nos regale la oportunidad de unir nuestros cuerpos yalmas a ella.
A mí me desagrada la ostentación del clero tras el románico y me violenta sobremanera su opresión y represión para con el pueblo desde entonces. Veo, por ejemplo, la catedral de Burgos, y sólo pienso en la explotación de muchos obreros en su construcción y en la hambruna que pudo ser aliviada si los bienes hubieran sido repartidos de otra manera.
Muchas veces paso por los pueblos y ciudades como una sombra y no me paro a contemplar sus edificios, sean o no emblemáticos. En cambio sí me paro mucho en los caminos para descansar y contemplar el alrededor o el vacío, que es más bien lo que me facilita unirme a la tierra, lo que me sublima.
Ya alcancé Santiago por todos los caminos señalizados. Ya conozco esa bella ciudad (nunca la conoceré del todo, como a ninguna). Ya no me atrae fijar mi meta allí.
Para definirme me quedo con la primera acepción del DRAE:
http://buscon.rae.es/draeI/SrvltObtenerHtml?origen=RAE&IDLEMA=55079&NEDIC=Siperegrino, na.
1. adj. Dicho de una persona: Que anda por tierras extrañas.
Tras seis años intensos de aprovechar cualquier vacacción para irme al camino aún no sé a ciencia cierta por qué voy, en serio, así que mi pobre respuesta sigue siendo la misma...
- Por andar.
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